La comarca defiende la supervivencia de un cultivo que ha marcado su historia durante miles de años

La provincia de Alicante, como ya hemos dicho en otros reportajes, guarda innumerables tesoros gastronómicos en su interior. Hemos hablado de sus frutas, sus mariscos, sus hortalizas, sus vinos, sus licores… Y también de una de sus uvas, la monastrell. Sin embargo, aún no habíamos dado el protagonismo que se merece otra variedad de uva que ha encontrado en la provincia, en concreto en la Marina Alta, el caldo de cultivo idóneo, tanto por las propiedades del suelo como por la temperatura o la proximidad del mar. Nos estamos refiriendo a la uva moscatel.

En esta comarca alicantina se cultiva la moscatel de Alejandría y está considerada como una de las mejores del mundo en su variedad. Los motivos, además de en las condiciones climatológicas, hay que buscarlos en la bondad de unas vides que resisten sequías prolongadas -no reciben ningún tipo de riego-, son relativamente fáciles de cultivar y produce unos frutos excelentes. Eso sí, la productividad es muy inferior a la que se obtiene en otras zonas vinícolas en las que también se cultiva la uva moscatel. Esta producción baja también mejora la calidad de los vinos que se obtienen con ella.

Historia de la uva moscatel

La uva llegó a la Marina Alta hace miles de años, como lo atestigua el yacimiento de Benimaquia, en lo alto del Montgó, donde se encuentra el que probablemente sea el más antiguo centro productor de vino de la Península Ibérica, data del siglo VI a. C. y es de época íbera. No obstante, como ocurrió con otras industrias, fueron los romanos los que intensificaron la producción y, desde el importantísimo puerto de Dénia, el vino de la Marina Alta llegó a Italia y al norte de África.

La caída del Imperio Romano no sólo no impidió que el cultivo de la uva y toda la actividad que giraba en torno a ella se mantuviese, incluso se incrementó ya que los musulmanes empezaron a consumirla como fruta fresca o como pasas y también la utilizaron en algunas elaboraciones de alquimia por su elevada carga de azúcar.

Auge

Embarque de pasas en el Puerto de Dénia. / A. DE DEFENSORS DE LA MOSCATELL DE LA MARINA ALTA

Con el paso de los siglos cobrará muchísima importante la exportación de la uva pasa, que dejará la producción de vino en un segundo plano. Tal fue el protagonismo de la ‘pansa’ que en el siglo XIX el puerto de Dénia era el principal punto de embarque de este producto. La comercialización de pasas y también de vino enriqueció a toda la comarca. El destino de buena parte de la producción era Inglaterra, donde la pasa alicantina se convirtió en uno de los ingredientes imprescindibles de uno de los dulces típicos de la repostería inglesa: el ‘plum cake’. También llegaba ‘pansa’ alicantina a Estados Unidos, Canadá y Francia.

Las exportaciones adquirieron tal volumen que, con el fin de abastecer la demanda, los cultivos de uva fueron creciendo y se extendieron en un radio de 100 kilómetros, llegando a otros comarcas de Alicante y de Valencia. Dénia fue el epicentro de este ajetreo económico y, además de los efectos urbanísticos, la ciudad vivió la llegada del ferrocarril en 1884.

Riurau del Senyorte, en Jesús Pobre. / FOTO RUTA DELS RIURAUS

La cultura de la uva moscatel queda patente también en la arquitectura, tanto en las casas señoriales de los grandes productores y exportadores como en los ‘riurau’ que aún se pueden encontrar diseminados por toda la comarca. Esta construcción autóctona con arcos empezó a levantarse en la zona para facilitar la transformación de la uva en pasa. En la actualidad aún quedan unos cuantos ‘riurau’ en perfecto estado que pueden ser visitados en una fantástica ruta que permite conocer historia y gastronomía por toda la comarca de la Marina Alta.

‘Escaldá’ de la uva para su posterior secado en el ‘riurau’. / FOTO RUTA DELS RIURAUS

El proceso tradicional de secado de los granos de uva es sencillo, pero laborioso. Los racimos, después de haber sido escaldados en una mezcla de agua y sosa cáustica (proceso conocido como l’escaldá’ y declarado Bien de Interés Cultural Inmaterial) se sitúan sobre placas realizadas con cañas y se exponen al sol para su secado, pero por la noche se colocan a cubierto en los ‘riurau’ para que la humedad no les afecte. Las placas se apilan separadas con unos tacos de madera para que circule el aire entre ellas. Al día siguiente se vuelven a exponer al sol y a mitad del proceso, es decir, al tercer o cuarto día, se da la vuelta a los racimos para que se sequen por ambos lados. En una semana, los granos de uva se han convertido en pasas si todo el proceso ha ido bien.

La crisis

La época de bonanza fue muy intensa, pero duró poco, apenas unas décadas. A principios del siglo XX la plaga de la filoxera, que ya había hecho estragos en los viñedos de toda Europa desde 1870, llegó a la Marina Alta. En esta comarca surgió entre treinta y cuarenta años después que en otras zonas de España porque los agricultores de la Marina Alta se negaron a plantar las cepas que llegaban de Estados Unidos, mucho más productivas, pero que escondían un insecto fitófago absolutamente demoledor. A los efectos de la filoxera hubo que añadir los de la Ley Seca en Estados Unidos, un productor enorme de uva para elaborar alcohol que dio salida a los impresionantes excedentes como uva pasa. El mercado se inundó de pasas americanas y los productores de la Marina Alta se ahogaron.

Buena parte de los productores cambiaron de cultivo, plantando cítricos en zonas de riego o almendros en zonas de secano, aunque algunos se mantuvieron fieles a la planta que tantos beneficios les había reportado y recurrieron a variedades resistentes a la filoxera. Otros productores abandonaron el campo y se pasaron a la industria, en este caso a la del juguete, que hasta el boom turístico fue en gran medida el motor económico de Dénia.

Años después llegaría otra plaga: la presión urbanística, que en una zona turística como la Marina Alta ha provocado la reducción de las zonas de cultivo. Si a esto añadimos la escasa rentabilidad y la falta de relevo generacional, el cultivo del diamante de la Marina Alta lucha por hacer frente a un complejo panorama.

No obstante, la importancia económica, histórica y cultural de la moscatel ha provocado que diversos colectivos, como la Associació de Defensors de la Moscatell de la Marina Alta, y bodegas se hayan movilizado en los últimos años para salvaguardar este tesoro. En la actualidad, hay varias bodegas en la comarca acogidas a la DOP Vinos de Alicante que producen vino con uvas moscatel de Alejandría: Bodegas Bocopa, Bodegas Parcent, Bodegas Xaló, Bodegas Antonio Llobell, Bodegas Teulada y Vins del Comtat. No obstante, hay otras bodegas más pequeñas, en algunos casos de reciente creación, como M de Alejandría, que también esta elaborando fantásticos vinos en producciones más reducidas.

Una uva muy apreciada

La uva moscatel de la Marina Alta es una de las más apreciadas en toda España. A finales de agosto y principios de septiembre comienza la vendimia y una actividad conocida como ‘estisorar’ y muy popular en localidades como Teulada, que consiste en limpiar los racimos dejando los granos más grandes y sanos y descartando los pequeños o estropeados. Estos racimos son los que acabarán en los principales mercados del país, como Madrid y Barcelona, como uno de los productos más preciados. De hecho, en los mercados de Barcelona a esta uva se le conoce como ‘uva Teulada’.

Cultivo de moscatell en la Marina Alta. / FOTO A. D. MOSCATELL DE LA MARINA ALTA

La uva moscatel de la Marina Alta destaca por la potencia aromática y las enormes posibilidades que tiene para elaborar vinos (blancos, espumosos o vinos de licor -mistela-) y para producir pasas de un dulzor incomparable. Las plantas son de gran tamaño, sobre todo cuando se trata de cepas antiguas, y crean un paisaje cambiante con el paso de las estaciones. En este reverdecer de la moscatel de la Marina Alta juegan un papel importante los productores y las administraciones, pero también los consumidores, a los que hay que transmitir que el vino que se produce en las bodegas del norte de la provincia de Alicante es una verdadera obra de arte, un elixir que los romanos ya supieron disfrutar como nadie.


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